1: ¿QUÉ ES LA BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN?
La llamada baja tolerancia a la frustración es una emoción natural del ser humano la
cual puede aparecer en todas las etapas de la vida de una persona, especialmente si
esta es propensa a frustrarse con frecuencia y tiene una falta o incapacidad para
tolerar el malestar necesario a corto plazo a veces requerido para obtener beneficios
de dicha experiencia. Es una respuesta negativa ante la aparición de un resultado
diferente del que anhelábamos alcanzar, tradicionalmente relacionada con los
sentimientos de agresividad, impotencia e ira (Vega, Muñoz, Berra, Nava y Gómez,
2012).
El término fue acuñado por primera vez por Albert Ellis en la década de los años 60.
Describió este fenómeno como un síndrome insoportable, puesto que muchos que
padecen baja tolerancia a la frustración afirman que hay situaciones que no las pueden
soportar (Cardona Lenis, 2021). Este fenómeno se da con mayor frecuencia en el
mundo occidental y en algunas regiones asiáticas (China y Japón) debido a las
continuas exigencias de las jornadas laborales y el ritmo de vida rápido y estresante,
junto con el afán de conseguir méritos y logros de la forma más rápida posible, fruto
todo ello de una cultura basada en el éxito académico y laboral como la llave del
triunfo en la vida.
Cuando alguien padece baja tolerancia a la frustración es común que adelante
acontecimientos de manera exageradamente dramática, como si todo se perdiera para
él si algo en lo que ha empeñado conseguir acabara en un fracaso y que a partir de ahí
para él nada tiene solución y no hay esperanzas para que se pueda recuperar. Cuando
estas situaciones se suceden, los principales síntomas que aparecen son sentimientos
de rabia, tristeza e impotencia.
Como habíamos explicado antes, nadie está exento de padecer alguna vez baja
tolerancia a la frustración; puede ocurrirle a cualquier persona y presentarse en todas
las etapas de la vida. Este trabajo se centrará específicamente en la infancia: la baja
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tolerancia a la frustración es bastante común en esta etapa, puesto que los niños
(incluso los que son aún pequeños) tienen una naturaleza impulsiva sobre sus metas
diarias, y más si se trata de personas especialmente competitivas, para las cuales
alcanzar el éxito se consideraría vital. En la realización de actividades y trabajos en
equipo es bastante frecuente ver a estos niños bastante nerviosos y desanimados y
pesimistas, buscando la perfección en todos sus sentidos.
Las relaciones entre sus compañeros y amigos se ven especialmente afectadas debido
a que, como todo trabajo en equipo, los fallos recaen sobre todos los miembros, por lo
que el mostrarse huraño, especialmente autoritario o agresivo son situaciones
comunes, que dificultan la interacción social y la comunicación. En los ámbitos
deportivos la baja tolerancia a la frustración en niños especialmente competitivos es
bastante habitual también.
Además, como el único aliciente para estos niños es triunfar cueste lo que cueste,
pueden llegar a incumplir las normas para ganar, o ser capaces de agredir verbal o
físicamente al resto de personas.
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